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miércoles, 13 de mayo de 2015

Senda ecológica del bosque de Valsaín

 
Pino silvestre
A los pies del Peñalara, dentro del parque nacional Sierra de Guadarrama, se encuentra el Centro Nacional de Educación Ambiental CENEAM. En el entorno inmediato de este edificio de referencia para la educación ambiental en la red de Parques Nacionales Españoles se encuentran algunas sendas de gran interés, como la llamada Paisajes de Guerra, la Senda Ecológica del Bosque de Valsaín o el camino histórico que lleva hasta el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso.
 
Pico Peñalara en su vertiente segoviana
La Senda Ecológica es una ruta circular autoguiada que de forma amena recorre diferentes tipos de vegetación presente en el monte de Valsaín, en la vertiente segoviana de la sierra de Guadarrama. La senda se extiende a lo largo de apenas 2 kilómetros (1 hora) y comienza en el robledal de roble melojo para adentrarse enseguida en el pinar, la formación arbórea más representativa de los montes de Valsaín y del parque nacional.



La senda muestra también oficios serranos (oficios históricos en estas sierras son el de gabarreros, carboneros, hacheros, guardas, carreteros, etc.), el ecosistema forestal ligado al agua del arroyo Peñalara, y otra vegetación característica como la arbustiva en la que abunda la orla espinosa (como zarzas, espinos, endrinos y rosales silvestres), así como un rodal de jaras estepas. Un paseo corto y entretenido para disfrutar en familia.

domingo, 3 de mayo de 2015

La Pedriza desde el mirador de Quebrantaherraduras

La Pedriza anterior desde el Collado de Quebrantaherraduras

La Pedriza del Manzanares es uno de los puntos fuertes del parque nacional Sierra de Guadarrama. Ya lo era antes de que la sierra fuera incluida dentro de la preciada lista de 15 afortunados si de la máxima figura de protección nacional hablamos, cuando formaba parte (y sigue haciéndolo) de la Reserva de la Biosfera de la Cuenca Alta del Manzanares (Madrid), y sin duda sigue cautivando con fuerza a todo a quien se acerca a disfrutar de su pétreo paisaje de bloques graníticos formados hace 300 millones de años. Entre los muchos lugares desde donde se puede observar, destaca sin duda el collado del que hoy me ocupo.

El collado de Quebrantaherraduras, para quienes ya conocían el parque era una referencia en las visitas a La Pedriza y seguro que buena parte de los nuevos visitantes sucumben y siguen sucumbiendo, como hemos sucumbido otros antes, a los encantos graníticos de La Pedriza del Manzanares. No en vano esta Reserva de la Biosfera posee uno de los paisajes más sugerentes de la península Ibérica.
Cuerda Larga desde el mirador

El acceso en vehículo se realiza por la estrecha carretera que comunica Manzanares de la Sierra con Canto Cochino y sus tres aparcamientos. En fin de semana y en verano la afluencia de visitantes es máxima, por lo que se ha de madrugar mucho si se quiere tener la certeza de poder acceder con coche hasta Canto Cochino antes de que el cupo regido por la capacidad de carga se agote (mejor opción es el bus del parque). Yo invito a hacerlo caminando, como más me gusta. Desde la propia barrera de acceso de la Camorza, en las inmediaciones del Centro de Interpretación del parque regional, arranca la senda de Quebrantaherraduras, un serpenteante camino de poco más de 3 kilómetros y dificultad media que conduce a Canto Cochino (2 h.). A mitad de camino se llega a la parte más alta del recorrido, marcada por el collado de Quebrantaherraduras.
Senda de Quebrantaherraduras


Llegar hasta el collado es abrir la puerta de La Pedriza, penetrar en el espacio protegido más antiguo de la Comunidad de Madrid. Hacerlo este mes permite además hacerlo envuelto en la fragancia de las diferentes especies de plantas aromáticas que dominan el paisaje vegetal del recorrido.


Por la parte izquierda de la carretera una senda bien indicada accede hasta el mirador de Quebrantaherraduras, el lugar en el que hoy quiero detenerme. La panorámica de 180º sobre la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama, donde se elevan algunas de las cumbres que forman parte del parque nacional. La vista es generosa sobre la famosa Cuerda Larga y las dos Pedrizas. Desde Cabeza de Hierro Menor (2.374 m.; a la izquierda) hasta la Garganta de la Camorza (dcha.), que marca el límite oriental a los ojos entre los grandes bloques de granito y la línea de pinar. Entre ambos puntos se puede disfrutar de una gran panorámica de Cabeza de Hierro Mayor (2.380 m.), el circo de la Pedriza Posterior al fondo y la Pedriza Anterior –con la silueta inconfundible del Yelmo- en primer término a la derecha. La montaña madrileña en estado puro.

jueves, 23 de abril de 2015

Experiencias en la naturaleza de la Garrotxa

Volcán Croscat

Continuando con este particular peregrinaje que me llevará en los próximos  meses a algunos de los espacios naturales españoles más sobresalientes para vivir y compartir diferentes experiencias en la naturaleza, me detengo hoy en La Garrotxa (Girona). La Garrotxa es un parque natural sorprendente, único en la península Ibérica por su carácter volcánico. Extintos volcanes peninsulares hay más repartidos a lo largo y ancho de la piel de toro, como por ejemplo los localizados en el manchego Campo de Calatrava (Ciudad Real), pero La Garrotxa presume de ser el mayor campo volcánico de la Península Ibérica, con 40 conos volcánicos y más de 20 coladas de lava. También el mejor conservado. Volcanes como los de Santa Margarida, del Cairat, del Croscat o Montsacopa, por citar sólo algunos de ellos, o la interesante flora que hoy cubre buena parte de este territorio volcánico –con la magia del bosque de hayas de la fageda d’en Jordà como uno de sus máximos exponentes-, o coladas de magma como la del volcán Croscat, etc. están presentes en esta singular área protegida.
Ruta senderista por el campo volcánico.

Estratos de lapilli en Les Grederes del Croscat.

Sobre los valores naturales del parque natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa podéis encontrar más información en este enlace al post que le dediqué hace unos meses. Hoy he preferido comentaros las mejores experiencias para conocerlos, y un espacio natural de tal envergadura merece desde luego conocerse y disfrutarse  a través de experiencias de similar talla. Las propuestas van desde el vuelo en globo (vuelos adaptados) hasta las rutas nocturnas en busca de fauna, pasando por rutas guiadas en bicicleta por la Vía Verde del Carrilet (también con bicicletas adaptadas), los paseos por la vía Annia (la vía romana mejor conservada de la península Ibérica) o el camino Real Olot-Vic. Y desde la observación de aves y mariposas, hasta actividades que pueden realizarse con la filosofía slow travel o de forma más “movidita”, como el trail running pero guiado, para conocer el patrimonio local. Sin olvidar las actividades para conocer e interpretar el rico patrimonio cultural, etc. Como veis, propuestas para todos los gustos y necesidades. También adaptadas para todos los visitantes.


Lo interesante de todas ellas es que pueden ser también experiencias paquetizadas con alojamientos, restaurantes, etc. que facilitan enormemente la contratación de la actividad elegida y, lo más importante: que cuentan con la garantía de contribuir a la sostenibilidad turística. De hecho por ello forman parte de Soy Ecoturista, con una marca de calidad común que es el compromiso sostenible de las empresas y alojamientos que las llevan a cabo y que les ha permitido formar parte del club de producto de Ecoturismo en España. ¿Cómo? cumpliendo algunos requisitos y compromisos para desarrollar su actividad dentro de los parámetros de la sostenibilidad, contribuyendo además a la conservación del espacio natural y al desarrollo local. Son empresas reconocidas como colaboradoras del espacio protegido donde desarrollan sus actividades y han sido formadas específicamente para ello.
Ermita de Santa Maragarida, en el fondo del cráter del volcán homónimo.

A través de ellas, estamos seguros de contribuir como visitantes a un ecoturismo de verdad, ya que si están ahí, es porque cumplen avales de calidad y compromiso como poseer la Carta Europea de Turismo Sostenible o estar adheridos al producto Geoparques o al producto Reserva de la Biosfera (pueden ser complementarios).


Ser miembro de Soy Ecoturista es posible también firmando un acuerdo de colaboración con una entidad de conservación y diseñando proyectos de ecoturismo solidario donde además de conocer la zona, alojarse, comer, hacer actividades, etc. con empresas que colaboran con la entidad, se puede conocer de primera mano el citado proyecto. Es el caso de la Fundación Global Nature en Monfragüe (ver post anterior), la Fundación Quebrantahuesos en Picos de Europa y la Fundación Aquila en Cabañeros, Oropesa, La Jara y el Valle del Tiétar. Pero sobre estos proyectos de conservación os contaré más a su debido tiempo…

lunes, 13 de abril de 2015

Entre cabras montesas en las Muelas de Xert


Xert, un pequeño y tranquilo pueblo castellonense, vecino del monumental Sant Mateu, se encuentra en las estribaciones orientales de las montañas del Maestrazgo. Pero Xert (Chert) tiene sus propias montañas, es cierto que sin las cotas de altura del Maestrazgo, pero con el encanto de un paisaje diferente y el fácil acceso a observaciones de fauna de gran relevancia. Por aquí vuelan un buen número de rapaces e infinidad de paseriformes pero sobre todo Las Muelas de Xert cuentan con una interesante población de cabra montés (Capra pyrenaica subsp. hispanica). Y allí pasé una agradable jornada campera de la mano de Avistanatura observando varios ejemplares de cabra de bello porte entre paisajes relajantes, mediterráneos a más no poder, y sumidos en la tranquilidad más absoluta, tan preciada por quienes nos gusta de observar la naturaleza sin agobios ni masificaciones.




Xert cuenta con sus propias montañas, como digo sin gran altitud pero si con una gran identidad. Se trata de Las Muelas de Xert. Las muelas (molas) forman una hilera de cuatro montañas de cima plana que se extienden a lo largo de 3,2 kilómetros y están escoltadas por los relieves de la sierra del Turmell. Son la Mola Gran, la Moleta Redona, la Mola Llarga y la Mola Murada.

Una muela, geológicamente hablando, es un sinclinal colgado cortado por un conjunto de fallas. Este relieve invertido está formado por una serie de materiales duros (calizas) y blandos (margas y/o arcillas) que se alternan en diferentes capas horizontales y que la erosión modela hasta conferir el característico aspecto de tarta o montaña de cima plana. Los laterales superiores y la cima de la tarta son en realidad calizas.

La cima de la muela grande, de fácil acceso, es un privilegiado mirador sobre las vecinas montañas de Els Ports (Tarragona) y el horizonte llano dominado por naranjos que se extiende hacia el mar Mediterráneo.


Y allí pasamos horas, buscando y fotografiando cabras entre las paredes cimeras de las muelas donde tanto gusta a los bóvidos de guarecerse del viento, y del sol cuando el calor aprieta, y descansar entre peñascos calizos. Uno de sus lugares favoritos son los bloques de piedra que se desparraman de la cima precedentes de la antigua cantera de la Mola Gran y que forma una especie de morrena por la que estos ágiles mamíferos se desplazan con gran naturalidad.


Con las hembras y los jóvenes a ojo no es tan sencillo, pero cuando se observa el primer gran macho se aprecia rápidamente la diferente forma curva de los cuernos respecto a la otra subespecie de este endemismo ibérico (Capra pyrenaica subsp. victoriae). Aquí reside la cabra hispánica, la misma que se distribuye por las sierras mediterráneas litorales de la península y cuya mayor población mundial se encuentra en Sierra Nevada. Lamentablemente nada queda de las otras dos subespecies de cabra montés: la cabra lusitánica extinta a finales del siglo XIX, y el bucardo, que era la subespecie nominal, habitante del Pirineo, y cuyo último ejemplar, Laña, murió el día de Reyes en la faja de Pelay del valle de Ordesa hace 13 años.

Afortunadamente la cabra hispánica posee una saludable población distribuida en diferentes núcleos. Uno de ellos se encuentra en estas montañas.



Y así, prismático en mano, transcurrió una jornada memorable que dio para mucho, en la que tuvimos tiempo de acercarnos también a la interesante  microrreserva de flora de la Torresseta del Turmell y que contó con el magnífico broche final de un gato montés. 

lunes, 6 de abril de 2015

Experiencias en el parque nacional Monfragüe

Salto del Gitano desde el Castillo de Monfragüe

El parque nacional de Monfragüe (Cáceres) es una de las mejores representaciones de bosque y matorral mediterráneo de la península Ibérica. Asociados a este ecosistema, una serie de hábitats suponen el hogar perfecto para una larga lista de animales. En el aspecto faunístico, las aves destacan sobremanera, hasta el punto de convertir a este espacio natural extremeño en referencia internacional para birdwatching. Pocos lugares en el Viejo Continente superan la importancia de Monfragüe para el grupo de las rapaces y otras aves, con la mayor colonia de buitre negro del mundo y la presencia de rapaces tan sobresalientes como el águila imperial ibérica, el búho real, el elanio azul, el alimoche, el águila real, la culebrera europea, el águila perdicera, y una nutrida población de buitre leonado.
Monfragüe alberga la mayor población de buitre negro del mundo

Monfragüe es uno de los spots de birwatching de importancia internacional

Monfragüe es un parque de fácil acceso cuya orografía está marcada por la presencia del Tajo y del Tiétar. Resulta sencillo llegar hasta los principales miradores acondicionados: La Báscula, La Higuerilla, La Tajadilla, La Portilla del Tiétar,  etc. o, el más célebre de todos, el Salto del Gitano, son enclaves de obligada visita. Uno puede pasarse horas ensimismado frente a la pared rocosa del roquedo escudriñando, prismático en mano, cada rincón y cada repisa rocosa en busca de los buitres, tratando de encontrar al halcón peregrino o al búho real... Sabiéndose privilegiado por estar disfrutando de una experiencia inolvidable. O mejor aún, puede convertir esa experiencia en única haciéndola en compañía de las empresas locales que harán no sólo mucho más enriquecedora la visita, sino que permiten un verdadero compromiso ecoturístico contribuyendo al desarrollo local. Son las experiencias que propone Soy Ecoturista y sus miembros asociados. Aquí os dejo más información sobre ellas, que van desde cursos de observación e identificación o fotografía de aves hasta experiencias para disfrutar en familia y enfocadas tanto para principiantes como para aquellos que están más duchos en materia ornitológica.
Mirador del Salto del Gitano
La Fundación Global Nature trabaja en la recuperación de dehesas en Monfragüe

A Monfragüe se viene sobre todo a ver aves (méritos contrastados tiene como digo para que así sea), pero éstas se pueden conocer también a través de sus cantos o, dejando de lado por un momento este pedacito del cielo cacereño, fijando la vista en el suelo podemos descubrir la interesante presencia de anfibios, o conocer de primera mano la excelente gastronomía local. De igual forma, conocer también la avifauna acuática presente en los alrededores del parque donde se localizan humedales como el embalse de Talaván, el embalse del Tozo, etc., o conocer los proyectos de conservación de la Fundación Global Nature en la zona. También esto es posible con las experiencias mencionadas. Vivencias que se disfrutan no sólo desde el momento en el que se coge el prismático o la cámara de fotos, sino antes de llegar, desde el preciso instante en el que se elige el alojamiento.
Águila Imperial Ibérica y buitres leonados en el roquedo de la Portilla del Tiétar.
Con la primavera llegan también los alimoches para criar en el parque

Os animo desde estas líneas a sacar el máximo provecho de la visita a un parque nacional sin parangón como es Monfragüe y volver a casa habiendo vivido una experiencia única en lo natural y en lo personal, contribuyendo al desarrollo local. Siendo un buen ecoturista, en definitiva.
El Tajo y Cerro Gimio

En los próximos meses iré trayendo al blog algunas experiencias con similar filosofía ecoturística en otros espacios naturales. 

martes, 24 de marzo de 2015

Estero de Domingo Rubio


Eclipsado por sus dos vecinos naturales más ilustres, como las Marismas del Odiel -también en la bahía de Huelva- y Doñana, el Estero de Domingo Rubio (Palos de la Frontera, Moguer) es un paraje natural ameno  e interesante con motivos sobrados para pasar una agradable jornada de birdwatching.
Garcilla cangrejera

Este importante humedal onubense está muy vinculado además con ambos espacios, especialmente en época migratoria para las aves. Incluso el lince ibérico llega hasta la zona en su dispersión desde el espacio natural Doñana a lo largo de este corredor verde.
El estero se encuentra junto a la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel e influenciado directamente por las mareas del océano Atlántico y el aporte hídrico de arroyos como los de Juana Ruiz, del Príncipe, o de Juan Delgado. 

El Estero presenta tres ambientes diferenciados como marisma, tramo medio y tramo alto (lacustre). En total 480 hectáreas de naturaleza a tiro de piedra del monasterio de la Rábida y de Huelva capital.
Cormoranes

Probablemente su visita ecoturística más espectacular puede llevarse a cabo a través del llamado sendero del Molino por la margen del Estero, con muy poca afluencia de visitanntes, algún observatorio ornitológico y casi permanentes panorámicas sobre el humedal. El sendero (pista) atraviesa también zonas de pinar de pino piñonero con lentisco, idóneas para encuentros con el lince ibérico. Quien sabe… También podemos toparnos con sus dos competidores principales: meloncillo y zorro, o el jabalí. Junto a la orilla, crecen los carrizos y espadañas, escondite perfecto para la nidificación del calamón, las gallinetas o pollas de agua, las fochas, garcillas cangrejeras, avetorillos, etc. Es igualmente el terreno propicio por el que las nutrias se adentran cada noche en busca de peces y cangrejos. Si falta la comida, éstas no dudan en alimentarse de huevos o incluso algún ave sorprendida en la complicidad de la noche. En las aguas se sumergen zampullines chicos y somormujos lavancos, nadan cormoranes para después extender sus alas al sol para secarlas, carentes del pigmento secretado por la glándula uropigial que impermeabiliza las plumas del resto de las aves.
Quien sabe.... igual te puedes topar con el lince ibérico...

En la marisma, donde dominan plantas como la espartina, aguardan sobre todo aves. Limícolas, ardeidas, láridos… Entre la larga lista de aves que se pueden observar en el Estero de Domingo Rubio citar el ibis morito (morito común), fumarel cariblanco, charrancito, garza imperial y real, Martín pescador, abejaruco, silbón europeo, focha moruna, porrón común, rascón, etc. Lo dicho, un lugar que bien merece una visita de al menos media jornada. Mi última visita la hice en compañía de Daniel Calleja, guía de Babel Nature (655305201), ambientólogo, buen comunicador y gran compañero de campo. Sin duda una de las mejores formas de conocer el Estero de Domingo Rubio y otros espacios naturales de la provincia de Huelva. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Navegando la desembocadura del río Guadiana

El agua es vida. Muy pocas son las provincias españolas que cuentan con la desembocadura de un gran río en su territorio. No digamos de dos. Huelva cuenta entre sus privilegios naturales albergar los últimos kilómetros del curso  bajo de dos ríos de la talla del Guadalquivir y del Guadiana, con más de 650 kilómetros de recorrido el primero tras su nacimiento en la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, y con casi 750 kilómetros de longitud el segundo tras su afloramiento castellano-manchego. Digo afloramiento porque podemos establecer un primer nacimiento en las Lagunas de Ruidera (una deliciosa hilera de lagunas entre Albacete y Ciudad Real, o bien contabilizarlo a partir de su afloramiento a superficie en los Ojos del Guadiana (Villarrubia de los Ojos, junto a las Tablas de Daimiel), después de un recorrido subterráneo al desaparecer en las inmediaciones de Argamasilla de Alba.
Gaviotas reidoras tras la estela del barco
El pequeño puerto de Sanlúcar y al fondo la portuguesa Aleutím.

El río Guadalquivir reparte su desembocadura entre las provincias de Huelva y Cádiz tras dejar atrás tierras sevillanas y, junto a sus marismas forma el parque nacional Doñana. Los últimos 100 kilómetros del Guadiana, por su parte, sirven de linde fronterizo entre Portugal y España. Este tramo de curso bajo del Guadiana es navegable en los últimos 70 kilómetros hasta la desembocadura, entre Ayamonte, en Huelva, y la portuguesa Vila Real de Santo Antonio. Y allí me fui, a navegarla a bordo del barco que realiza la travesía entre el puerto de Ayamonte y Sanlúcar de Guadiana los fines de semana entre mayo y septiembre. Frecuencia que alarga hasta hacerlo casi a diario en pleno verano. Es un crucero fluvial de 3 horas de duración (en sentido subida) y se realiza (en función de la demanda) en la línea del calendario comentado (confirmar disponibilidad con su patrón Juan en el 652 525 168).  
Ayamonte, punto de partida

El río Guadiana forma un estuario y una zona de marismas asociada (el Paraje Natural de las Marismas de Isla Cristina en la parte española y la Reserva Natural do Sapal de Castro Marim e Vila Real de Santo Antonio en territorio luso) que si bien no tienen la concentración y biodiversidad de aves presentes en las vecinas Marismas del Odiel o del Guadalquivir, son sin duda una delicia para observar plácidamente, desde la cubierta de este barco. El recorrido permite ser testigo de cómo el paisaje fluvial cambia a medida que nos adentramos río arriba, cómo la gran anchura de la desembocadura donde las aguas del Guadiana son ya más saladas que dulces al tocar el Atlántico se va estrechando y su silueta entre suaves colinas se va estilizando a medida que las zonas de espartinas, almajos, juncos, castañuelas, etc. van siendo sustituidas por ecosistemas de carácter más forestal, como es el bosque mediterráneo con su matorral asociado que en algunos tramos está casi intacto.
Nada más comenzar, se pasa bajo el puente internacional en Ayamonte.

Limícolas y anátidas son una constante en los primeros kilómetros de recorrido. La presencia de cormoranes que nadan tranquilos antes de acometer el despegue aleteando y dando grandes “zancadas” sobre la superficie del agua al paso del barco, es también habitual compañero de viaje. También garzas y espátulas. A medida que remontamos el río, la salinidad se va retirando de su cauce y las orillas se van volviendo algo más dulces, aunque la influencia de las mareas se deja notar muchos kilómetros arriba. Los carrizos y las playas fluviales empiezan a hacerse presentes. Muy pocos pueblos y pocas construcciones hasta llegar a Sanlúcar. Sólo algún cortijo de envidiable ubicación. 
Los limícolas son abundantes en este tramo del curso bajo del Guadiana.

Charranes y gaviotas se divierten tras la estela del barco, se lo pasan bien mientras la embarcación con su avance les proporciona alimento. Pasan minutos suspendidos en el aire, volando casi encima de la nave, hasta que en la estela emerge la silueta de algún pequeño pez. Es el momento de dejarse caer en picado para atraparlo y remontar vuelo para volver a situarse a la cola de lo que parece ser un pelotón ciclista que avanza pedaleando contra el viento. La captura del pescado les sirve para darse relevo a la cabeza de la estela. Y así, disfrutando desde la cubierta del barco que si bien no tiene el recorrido destinado a fines ecoturísticos ni ornitológicos, si es la excusa perfecta para navegar un río como el Guadiana en un tramo bien conservado, y es el medio de transporte idóneo para descubrir un rincón onubense muy muy poco conocido, incluso por los propios onubenses. Vale la pena reservar media jornada para vivir la experiencia fluvial remontando los últimos kilómetros del cuarto río más importante de la península Ibérica. Hace años que ronda la idea de la creación de un parque natural internacional del Bajo/Baixo Guadiana. Méritos no le faltan. Sólo en la parte andaluza hay cinco LICs de la Red Natura 2000.  Aquí nadan especies piscícolas migratorias de gran importancia como el esturión o el endémico jarabugo.
Llegando a la hermosa localidad de Sanlúcar de Guadiana, en Andévalo.


No hay mejor final de travesía que Sanlúcar de Guadiana, un precioso pueblo encalado de la comarca del Andévalo, coronado por el castillo de San Marcos y en cuyo pequeño casco urbano sobresale la iglesia de Nuestra Señora de las Flores. En la otra orilla, Alcoutím realza la belleza de esta postal fluvial. Ambas poblaciones viven muy ligadas, sus habitantes cruzan a diario en embarcaciones e incluso a nado entres sus puertos y playas fluviales. Los más aventureros lo hacen por el aire, a través de la única tirolina internacional. Curioso. Yo lo hice navegando. Llegué a Sanlúcar con las últimas luces de la tarde, en esa mágica y fotográfica hora azul. Otro privilegio más.