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viernes, 29 de abril de 2016

Entre las curiosas formas del Torcal de Antequera


Uno de los paisajes que más me gusta es el paisaje calizo. El creador de estos paisajes es el Karst. En España tenemos muchos y muy buenos ejemplos de lugares donde la roca caliza erosionada por el proceso kárstico es protagonista pero uno de los más singulares es sin duda el Torcal de Antequera, en la provincia de Málaga. Dentro de la acción erosiva, los paisajes resultantes pueden ser bien distintos. Pensad si no, en lo poco que se parecen la Ciudad Encantada de Cuenca y los Picos de Europa, por poner dos ejemplos. Pues bien, aquí tenéis otro enclave bien distinto. El Torcal de Antequera es un paisaje único, diferente.



Pasar una jornada en el laberinto pétreo del Torcal es dejarse llevar por un entorno embaucador, de curiosas formas y donde si uno se sale de los senderos, es fácil perderse. Pensad que hace unos 200 millones de años todo esto estaba debajo del mar y que lo que hoy parecen monedas de roca apiladas son en realidad acumulaciones de sedimentos carbonatados (carbonato cálcico) procedentes de los esqueletos y caparazones de la fauna marina de aquella época, allá por el Jurásico.
 
Cabra montés en el Torcal de Antequera
Hace unos 20 millones de años estos sedimentos carbonatados, convertidos en rocas calizas, se comprimieron y deformaron hasta fracturarse fruto del levantamiento del fondo marino debido a la Orogenia Alpina. La roca caliza quedó emergida y expuesta desde ese momento a la acción erosiva de agentes atmosféricos (agua, viento, cambios de temperatura, etc.). Es el llamado karst.  Poco a poco, la roca se va disolviendo, fracturando, fisurando, etc. y se crean las curiosas formas que hoy podemos encontrar en el Torcal, un paisaje en constante evolución.


El Torcal de Antequera es un verdadero centro de interpretación del karst al aire libre. Lapiaces, poljés, torcas, cuevas…. y ahí es donde tengo el paisajes kárstico que tanto me gusta.
Existe un centro de visitantes muy interesante que recomiendo visitar antes de adentrarse en el Torcal mediante alguno de los senderos señalizados. Comprenderéis mucho mejor por donde camináis.
 
Monumento Natural El Tornillo del Torcal.

Y no sólo piedras, el Torcal es una joyita biológica por lo que a flora y fauna se refiere. Es ZEPA y cuenta con 116 especies de vertebrados (las cabras montesas son un espectáculo), y casi 700 especies de plantas (mención especial a las rupícolas).

domingo, 9 de agosto de 2015

Flora y agua en las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas

Laguna de Valdeazores, río Borosa.

El vasto parque natural decretado en 1986 para proteger la valiosa naturaleza de las sierras jienenses de Cazorla, Segura y Las Villas es, con sus 214.300 hectáreas, el mayor espacio natural protegido de España y el segundo de Europa. Entre sus múltiples valores naturales y paisajísticos destacan sin duda sus importantes recursos botánicos. Se trata del mayor bosque de la península Ibérica, un enorme bosque en el que crecen casi 2.200 especies de flora y destacan casi 50 especies de orquídeas. Sobresaliente es el apartado de endemismos, con 361 especies endémicas. De ellas 34 sólo crecen aquí, 108 son exclusivas de Andalucía y 214 corresponden a endemismos ibéricos y norteafricanos. Entre las plantas más preciadas se encuentran la violeta de Cazorla, el geranio de Cazorla, la aquileña, el narciso, el atrapamoscas, etc.
El mayor bosque de España tapiza las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas
Encina monumental

Pero lo que seguro llama la atención a los ojos del visitante es el verde que tapiza las laderas montañosas de estas sierras. La catena está compuesta sobre todo por pinos, que tal y como demuestran los análisis de polen fósil, ya estaban aquí desde al menos diez mil años. Hasta los 1.000 metros de altitud crece el pino carrasco o de Alepo, por encima de éstos hasta los 1.300 metros de altitud, el pinar está dominado por el pino negral y finalmente, por encima de 1.300 metros, el pino laricio. Pero no sólo crecen pinos en Cazorla, ni mucho menos. También otras especies mediterráneas como la encina, el madroño, quejigos, sabinas, enebros, agracejos, mostajos, coscojas, etc. En las zonas más húmedas los robles presiden un bosque caducifolio en el que viven también arces, tejos, serbales, etc. y junto al curso de los ríos y arroyos, magníficos bosques de ribera. Gran variedad vegetal entre los 500 metros de altitud de la cota más baja, al sur del parque, y los 2.107 metros del Cerro de las Empanadas, su punto más elevado.
Violeta de Cazorla
Geranio de Cazorla

Y precisamente el agua  es otro de los elementos protagonistas en los paisajes del parque natural. Aquí nacen el río Guadalquivir, que desemboca en el Atlántico (Doñana) después de 657 kilómetros de trazado andaluz, y el río Segura que cede sus aguas al Mediterráneo en la provincia de Murcia tras 325 kilómetros de recorrido. Existen varios enclaves ligados al agua que merecen una obligada visita en cualquier viaje a las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas: el nacimiento del Guadalquivir, el nacimiento del Guadiana, el embalse del Tranco (un lugar único para observar ungulados) y el río Borosa. A éste último le tengo especial cariño pues fue una de mis primeras excursiones senderistas. Especialmente en un par de enclaves asociados al río como la cerrada de Elías, por donde es preciso caminar entre pasarelas ancladas a la pared) o las lagunas de Valdeazores y Aguas Negras. Junto a la orilla de la laguna de Aguas Negras se encuentra el nacimiento del Borosa.
Nacimiento del Borosa, laguna de Aguas Negras.

Otra cerrada espectacular (garganta estrecha o paso encajonado del río entre paredes rocosas) es la cerrada del Utrero. En esta ocasión el protagonista fluvial es el Guadalquivir, que al poco de nacer, discurre encajado entre paredones calizos y lapiaces, con bellos saltos de agua, pozas cristalinas y cascadas, como el Salto de Linarejos.
Cascada de Linarejos, en la Cerrada del Utrero
Río Guadalquivir en la cerrada del Utrero.

En definitiva, os recomiendo fervientemente una visita al mayor bosque de coníferas de España y un asomo a los bellos rincones acuáticos que esconden las montañas andaluzas, declaradas también ZEPA (1987) y Reserva de la Biosfera (1983). Uno de los principales y más emblemáticos espacios naturales protegidos de la península Ibérica. En mi última visita me alojé en la villa de Cazorla, que también os recomiendo.

lunes, 13 de julio de 2015

Los Cahorros de Monachil


Los Cahorros son surcos empinados y escabrosos en las laderas de los cerros, así es como se conoce en la zona a estos elementos fruto de la erosión sobre el sustrato calizo. Uno de los mejores ejemplos en el macizo de Sierra Nevada es sin duda el de Los Cahorros de Monachil, en el noroeste del Espacio Natural.



Para llegar hasta ellos hay que llegar hasta la parte alta del pueblo de Monachil (Granada). Además de ser una ruta espectacular, con la dosis de aventura y adrenalina que siempre aportan pasos de la ruta como el puente colgante, la ruta de Los Cahorros de Monachil permite conocer de cerca los recursos naturales vinculados a la media montaña de Sierra Nevada, donde crecen encinares montanos y pinares con sabina mora, ambos sobre suelo calizo. Las encinas suben en la media montaña entre los 1.500-1.900 metros de altitud y crecen acompañadas de enebro de la miera o el torvisco, si bien pueden verse acompañadas en suelos más profundos y zonas más frescas por quejigos. Encontramos también un espinal de endrinos, majuelos, escaramujos, durillos, arces, agracejos, etc. En zonas en las que crece el escobón y el lastón. Encinas y pinos hablan de la exposición solar de estos parajes, que fuera de la humedad de la angosta garganta que protagoniza la ruta, domina los paisajes áridos de terrenos abiertos.

La presencia de agua del río Monachil determina la existencia también de especies de ribera como álamos, mimbreras, juncos y espartal. Este fantástico recorrido circular de 8,2 kilómetros (dif: baja-media) con inicio y final en la Era de los Portachuelos (Monachil). El itinerario atraviesa parajes como las Eras de los Renegrales que, como la de los Portachuelos, son paisajes humanizados ligados a la agricultura, superficies horizontales destinadas a trillar el trigo, centeno, avena, etc. separando mejor el grano y la paja. El primer tramo de la ruta transcurre por estos paisajes humanizados. No en vano estamos en territorio del parque natural y Reserva de la Biosfera de Sierra Nevada.


Le siguen parajes como el de la antigua central, el mencionado puente colgante de 63 metros de longitud –en pleno cañón calizo-, el enclave de Las Azuelas, más abierto, que sigue a las estrecheces del cañón, o la fuente de Las Chorreras. El regreso al punto de partida se hace por paisajes más abiertos, en el linde con el parque nacional, pero no menos espectaculares (camino de la Solana).
Camino de la Solana

Castañar de Bubión


El contrapunto a estos paisajes áridos y verticales lo encontramos en los bosques y especies que como quejigos y castaños, adquieren en el otoño unos matices de colores realmente bellos, salpicados de arces, mostajos, etc. Magníficos ejemplos encontramos en la Alpujarra de Granada. Un bosque que al llegar el otoño se viste de gala es el castañar de Bubión, muy cerca de la villa de Bubión donde me alojo para acometer estas excursiones por la mitad occidental del macizo de Sierra Nevada, uno de los pesos pesados de la naturaleza ibérica. 

martes, 7 de julio de 2015

Por las cumbres de Sierra Nevada

 
Laguna de La Caldera
Los paisajes geológicos de Sierra Nevada son fundamentalmente tres: la orla sedimentaria de borde en la montaña baja y media, por encima de ésta, las calizas y dolomías del complejo Alpujárrido, y finalmente, en la alta montaña, los esquistos metamórficos del Complejo Nevado-Filábride.

Este Espacio Natural formado por el Parque Natural y el Parque Nacional de Sierra Nevada es único por muchas cosas, pero sin duda, varios de sus recursos naturales exclusivos hay que buscarlos en la alta montaña de Sierra Nevada, así que hoy me centro allí, en las cumbres de Sierra Nevada, en los esquistos metamórficos. Un cómo sendero enlaza la Hoya de la Mora (vertiente norte) y más arriba las Posiciones del Veleta, con el Alto del Chorrillo y la Hoya del Portillo (vertiente sur), la dificultad estriba, eso sí, en que se camina en altura, en torno a los 3.000 metros de altitud. Si además, como es mi caso, se sube hasta la cima del Mulhacén, casi 500 metros más de desnivel.
 
Laguna de la Caldera y  al fondo la cima del Mulhacén
La experiencia en la naturaleza que quiero compartir con vosotros a través de este post no puede ser más sugerente, ambiciosa, y espectacular: subir caminando al Mulhacén, y conocer de primera mano la extraordinaria riqueza botánica y faunística de los endemismos de alta montaña de Sierra Nevada. De paso, disfrutar con sus paisajes glaciares. Una completa jornada senderista estival para la que emplearemos, caminando con la calma que la excursión requiere, unas 8 horas (dependiendo del lugar de inicio y final. El transporte del Servicio de Interpretación de las Altas Cumbres ayuda bastante en la logística de la ruta).
El acceso hasta la cima del Mulhacén, que con sus 3.478 metros de altitud es la montaña más alta de la Península Ibérica, es sencillo, hay que caminar sin prisa, siguiendo el sendero que parte desde la zona de La Caldera (viniendo desde el Veleta) o mejor aún, por la senda que sube más progresivamente desde el Alto del Chorrillo si accedemos por La Alpujarra. En mi caso, alojado como estoy en la fantástica Villa de Bubión (Alpujarra de Granada), la opción es ésta segunda vía, aunque en años anteriores tuve ocasión de hacerlo también caminando desde la vertiente norte. No hay que olvidar nunca que caminamos por alta  montaña.
Estrella de Sierra Nevada


Caminando despacio, además de facilitar la adaptación a la altitud, se observa precisamente cómo otros seres vivos se han adaptado a las exigentes condiciones de la alta montaña. Es el caso de especies botánicas tan formidables como la estrella de las nieves, la Arenaria nevadensis, la amapola de Sierra Nevada, la violeta de Sierra Nevada, rompepiedras, etc. De las 2.100 especies de plantas existentes en Sierra Nevada 77 son endémicas exclusivas. En las altas cumbres a partir de los 3.000 metros, sólo los piornos crecen como representantes del estrato arbustivo (con porte almohadillado a modo de iglú natural), el resto son plantas herbáceas. Como adaptaciones botánicas a la alta montaña, las hojas son casi eliminadas para reducir la superficie de la planta expuesta a la pérdida de agua mediante transpiración, además de otras estrategias como el desarrollo de rosetas, la capacidad de rebrotar desde el cuello de la raíz, reducir la actividad (musgos y líquenes fundamentalmente), almacenar agua, realizar la fotosíntesis por el tallo en lugar de las hojas, aparición de espinas, de cubiertas de pelos blancos que reflejan la radiación solar, etc. Por supuesto, ni  rastro de los árboles, qué no suben más de los  2.400 metros de altitud en Sierra Nevada. En la alta montaña encontramos ecosistemas tan interesantes como los roquedos, los pastizales, las lagunas, los borreguiles, enebral-piornal, etc.
 
Bajando del Mulhacén. Al fondo, el Veleta
Más sorprendente aún resulta la adaptación mostrada por los insectos para sobrevivir en estas condiciones de elevada radiación solar, gran cantidad de nieve, bajas temperaturas invernales y altas temperaturas estivales, ventiscas, etc. Ser capaz de reducir al mínimo la actividad puede ser la diferencia entre sobrevivir o no en las altas cumbres, y eso los insectos lo saben bien. A la reducción del periodo de actividad, se unen otras estrategias como el favorecimiento de formas melánicas y redondeadas; las alas no son necesarias para desplazarse ni cambiar de hábitat, tampoco para huir de depredadores (casi inexistentes en estas altitudes). Las formas ápteras (sin alas) son otra ventajosa adaptación. El mimetismo si es más necesario como estrategia defensiva. Buenos ejemplos adaptativos son los endémicos Eumigeus rubioi (saltamontes), Baetica ustulata o la mariposa Apolo de Sierra Nevada. Algunas de las especies endémicas de las cumbres de Sierra Nevada. El espacio natural cuenta con 80 endemismos exclusivos.
Mariposa Apolo de Sierra Nevada

Fruto de estas adaptaciones morfológicas, cromáticas, fisiológicas y reproductoras es el intenso proceso de especialización que se traduce pues en un alto número de especies y subespecies endémicas de flora y fauna.

Las cumbres de Sierra Nevada son además una lección al aire libre sobre glaciarismo, pues a este proceso deben su morfología. Su origen se debe a la presencia desde el último 1,7 millón de años, de masas de hielo que han modelado la roca del paisaje arrastrando los detritus hacia cotas inferiores: circos glaciares y su continuación en valles en U y elementos asociados como las morrenas o, siempre mucho más fotogénicas, las lagunas de alta montaña que ocupan el fondo de las cubetas glaciares: La Caldera, Laguna Larga, Laguna de Aguas Verdes, antigua Laguna de las Yeguas, etc.

Entre los circos glaciares más espectaculares son Río Seco y Siete Lagunas en la vertiente sur y Corral del Veleta y Valdeinfierno (Puntal de la Caldera) en la cara norte. Lanjarón y Río Veleta son dos magníficos ejemplos de valles en U. Otros glaciares son Vacares (cara norte Alcazaba), Valdecasillas (cara norte Mulhacén) o el Glaciar Guarnón (cara norte Veleta).


Allí arriba, sobre la roca de los esquistos metamórficos la acción del hielo crea cascajares, rocas aborregadas y estrías glaciales se mueven como pez en el agua las cabras montesas, que cuentan en Sierra Nevada con la mayor población mundial de la especie. Otro atractivo más en una jornada en la que éstos se suceden.

lunes, 15 de junio de 2015

Vía Verde de la Subbética, entre aves y olivos

Zuheros y el viaducto sobre el Bailón, en la vía verde

Al sur de la provincia de Córdoba emerge una parte de la cordillera Bética de suaves valles tapizados de bosque mediterráneo y vastas extensiones de olivo, coronados por escarpados paisajes calizos que forman las Sierras Subbéticas. Su sobresaliente importancia natural le ha llevado a ser declarado parque natural y geoparque. A la importancia mundial de estas sierras en el aspecto geológico y de los fósiles ya dediqué un post que podéis recordar en este enlace. Hoy quiero  detenerme en el mar de olivos que monopolizan los cultivos de la zona (98% del cultivo está dedicado al olivo), en su importancia paisajística y etnográfica en la historia de esta comarca andaluza y su importancia ornitológica como ecosistema, especialmente para las aves migratorias y sobre todo para los pequeños pájaros.
Abejaruco europeo


Una forma perfecta de conocer estos paisajes mediterráneos tapizados de olivar es sin duda siguiendo el antiguo trazado del Tren del Aceite, convertido en la Vía Verde de la Subbética. El tren funcionó hasta 1985 transportando sobre todo, aceite a granel. Es fácil ponerse rápidamente en ambiente con las primeras pedaladas, pues la compañía de los millones de olivos que envuelven la ruta es una constante.
Pasando por Doña Mencía

Hoy es posible simular al tren pedaleando o caminando por el que hasta hace no demasiado fue su trazado, gracias al perfecto acondicionamiento de esta vía verde de 65 kilómetros entre Luque y Puente Genil, atravesando además Zuheros, Doña Mencía, Cabra, Lucena y Navas del Selpillar. Cuenta con áreas de descanso, 6 estaciones, 1 apeadero, 1 túnel y 8 viaductos, puentes o pasarelas (algunos realmente impresionantes como el del Guadajoz al inicio de la ruta, el del Bailón en Zuheros o el de la Sima, en Cabra). Os recomiendo una parada con calma en la estación de Cabra, pues además de poder contemplar la antigua maquinaria ferroviaria, allí se encuentra el Centro de Interpretación del Tren del Aceite.
Estación de Cabra

Desde el punto de vista natural destaca sin duda la Reserva Natural Laguna del Salobral, la Laguna de Zóñar y el propio curso del río Genil, por lo que al trayecto del trazado respecta, si bien en el parque natural/geoparque encontramos muy cerca de la vía verde enclaves sobresalientes como la Cueva de los Murciélagos o el Cañón del Bailón, ambos junto al pueblo de Zuheros. 
Manantial Fuente del Río, en Cabra

Pero me llamó mucho la atención la cantidad de manantiales y fuentes dispersos a lo largo y ancho del parque, que es conocido como el acuífero del que bebe Córdoba. Sobre la cantidad de agua que rezuman las tripas calizas de estas montañas basta acercarse hasta el embalse de Iznájar, el mayor de Andalucía.
Los olivos ocupan el 98% de los cultivos del parque natural

Os recomiendo fervientemente recorrer la vía verde con calma, en busca de la infinidad de pájaros que revolotean entre las ramas de los olivos, realizando múltiples paradas prismático en mano en los diferentes ambientes que atraviesa la ruta. La lista de especies es muy amplia, sobre todo en época migratoria. Los olivos ofrecen sombra y protección a muchísimas pequeñas aves (currucas, jilgueros, pinzones, petirrojos, mosquiteros, verderones, verdecillos, etc.). Llamarán vuestra atención a buen seguro los alcaudones y los ruidosos abejarucos. Al igual que abubillas, urracas, collalbas, y otras aves de mayor tamaño como perdices, mochuelos, etc.
Petirrojo

En los farallones rocosos viven otras aves de mayor tamaño, las rapaces rupícolas: águila-azor perdicera, águila real, alimoche, la nutrida colonia de buitre leonado y la mayor población andaluza de halcón peregrino, entre otras especies como la chova piquirroja, el roquero solitario, roquero rojo, acentor alpino, etc.  Os recomiendo la Ruta de la Buitrera para disfrutar de este espectáculo ornitológico. La Sierras Subbéticas son además de parque natural y Geoparque, Zona Especial de Conservación (ZEC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Y a la hora de alojarse: el hotel Villa de Priego, en Zagrilla.
El Hotel Villa de Priego, reproduce un pueblo local.

domingo, 31 de mayo de 2015

Sierra de Grazalema, mosaico botánico mediterráneo

Ruta del pinsapar de Grazalema

El parque natural Sierra de Grazalema se extiende a lo largo de 51.695 hectáreas por el extremo sur de Andalucía, con algo más de dos terceras partes de su superficie situadas en la provincia de Cádiz y el resto por tierras malagueñas. Su geología se caracteriza por calizas y dolomías de notable empaque, con las cimas más altas de Cádiz como techo (El Torreón; 1.654 m.) con formaciones geológicas propias de estas superficies como simas, grutas, cuevas, dolinas, navas, desfiladeros, etc.
Bosque mediterráneo.

En el subsuelo del parque destaca por ejemplo el complejo Hundidero-Gato, la cueva más larga de Andalucía donde reside además la mayor población de murciélagos de España, que supera los 100.000 individuos.

Pero sobre este sustrato sobresale sin duda el apartado botánico de la sierra. Las condiciones ecológicas marcadas por una continentalidad del clima, con un verano seco y caluroso pero con una alta, altísima pluviosidad el resto del año (con más de 2.300 mm. anuales es el punto donde más llueve de la península Ibérica) permiten el desarrollo de una magnífica representación de vegetación mediterránea con tupidos bosques de encinas, alcornoques, quejigos, y algarrobos, a los que acompañan otros árboles como acebuches, arces, etc. y  arbustos como el majuelo, el madroño, el lentisco, la aulaga, con interesante cortejo florístico de plantas aromáticas y especies como la amapola de Grazalema, jaras blancas, eléboros, peonías, rubias, etc.
Paisajes calizos de la Sierra del Endrinal, en Grazalema

Pero sin duda la especie más emblemática de la sierra y responsable en buena medida de su declaración como parque natural en 1984 (Reserva de la Biosfera en 1977) es la presencia del Pinsapo, una especie de abeto mediterráneo de excepcional importancia, con copa piramidal y acículas que crecen en disposición helicoidal. Este árbol llega a alcanzar los 20-25 metros de altura y una longevidad superior a los 600 años. Su principal formación boscosa se encuentra en la vertiente septentrional de la Sierra del Pinar, donde la humedad que necesita se mantiene incluso en verano. Imprescindible la ruta del Pinsapar.
Matagallo en flor


En los cursos fluviales destacan los bien conservados bosques de galería formados por olmos, sauces y álamos. Estos bosques de ribera presentan una buena cobertura de trepadoras, helechos, musgos, etc. que dan aspecto selvático a recorridos como el de la ruta del curso alto del Río Majaceite. Es un recorrido sencillo, de 5 kilómetros (2 h.) entre Benamahoma y El Bosque. Es una ruta en la que encontraremos a orillas del río construcciones ligadas al agua (recomendable la visita al Ecomuseo del Agua en Benamahoma, junto al  nacimiento del río) como batanes, piscifactoría y molinos envueltas en el hilo musical del trino de ruiseñores, oropéndolas, mirlos, lavanderas, currucas, etc.
A primera y última hora de la tarde, con suerte, podemos tener el encuentro de excepción con uno de los  habitantes del río: la nutria.
Curso alto del río Majaceite, en Benamahoma.

Al final de este recorrido se encuentra el Jardín Botánico “El Castillejo”, en la localidad de El Bosque. Una visita imprescindible para conocer más sobre la flora de este parque natural.
El Echium florece entre marzo y julio

Recorrer el parque natural Sierra de Grazalema en busca de su flora es acercarse a un paraíso botánico donde crecen más de 1.375 taxones diferentes, es decir, más del 25% de las especies de la flora española y más de la mitad de todas las que crecen en Andalucía Occidental.


Os recomiendo el hotel Villa de Grazalema, que además está muy bien situado para las rutas mencionadas.

martes, 24 de marzo de 2015

Estero de Domingo Rubio


Eclipsado por sus dos vecinos naturales más ilustres, como las Marismas del Odiel -también en la bahía de Huelva- y Doñana, el Estero de Domingo Rubio (Palos de la Frontera, Moguer) es un paraje natural ameno  e interesante con motivos sobrados para pasar una agradable jornada de birdwatching.
Garcilla cangrejera

Este importante humedal onubense está muy vinculado además con ambos espacios, especialmente en época migratoria para las aves. Incluso el lince ibérico llega hasta la zona en su dispersión desde el espacio natural Doñana a lo largo de este corredor verde.
El estero se encuentra junto a la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel e influenciado directamente por las mareas del océano Atlántico y el aporte hídrico de arroyos como los de Juana Ruiz, del Príncipe, o de Juan Delgado. 

El Estero presenta tres ambientes diferenciados como marisma, tramo medio y tramo alto (lacustre). En total 480 hectáreas de naturaleza a tiro de piedra del monasterio de la Rábida y de Huelva capital.
Cormoranes

Probablemente su visita ecoturística más espectacular puede llevarse a cabo a través del llamado sendero del Molino por la margen del Estero, con muy poca afluencia de visitanntes, algún observatorio ornitológico y casi permanentes panorámicas sobre el humedal. El sendero (pista) atraviesa también zonas de pinar de pino piñonero con lentisco, idóneas para encuentros con el lince ibérico. Quien sabe… También podemos toparnos con sus dos competidores principales: meloncillo y zorro, o el jabalí. Junto a la orilla, crecen los carrizos y espadañas, escondite perfecto para la nidificación del calamón, las gallinetas o pollas de agua, las fochas, garcillas cangrejeras, avetorillos, etc. Es igualmente el terreno propicio por el que las nutrias se adentran cada noche en busca de peces y cangrejos. Si falta la comida, éstas no dudan en alimentarse de huevos o incluso algún ave sorprendida en la complicidad de la noche. En las aguas se sumergen zampullines chicos y somormujos lavancos, nadan cormoranes para después extender sus alas al sol para secarlas, carentes del pigmento secretado por la glándula uropigial que impermeabiliza las plumas del resto de las aves.
Quien sabe.... igual te puedes topar con el lince ibérico...

En la marisma, donde dominan plantas como la espartina, aguardan sobre todo aves. Limícolas, ardeidas, láridos… Entre la larga lista de aves que se pueden observar en el Estero de Domingo Rubio citar el ibis morito (morito común), fumarel cariblanco, charrancito, garza imperial y real, Martín pescador, abejaruco, silbón europeo, focha moruna, porrón común, rascón, etc. Lo dicho, un lugar que bien merece una visita de al menos media jornada. Mi última visita la hice en compañía de Daniel Calleja, guía de Babel Nature (655305201), ambientólogo, buen comunicador y gran compañero de campo. Sin duda una de las mejores formas de conocer el Estero de Domingo Rubio y otros espacios naturales de la provincia de Huelva. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Navegando la desembocadura del río Guadiana

El agua es vida. Muy pocas son las provincias españolas que cuentan con la desembocadura de un gran río en su territorio. No digamos de dos. Huelva cuenta entre sus privilegios naturales albergar los últimos kilómetros del curso  bajo de dos ríos de la talla del Guadalquivir y del Guadiana, con más de 650 kilómetros de recorrido el primero tras su nacimiento en la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, y con casi 750 kilómetros de longitud el segundo tras su afloramiento castellano-manchego. Digo afloramiento porque podemos establecer un primer nacimiento en las Lagunas de Ruidera (una deliciosa hilera de lagunas entre Albacete y Ciudad Real, o bien contabilizarlo a partir de su afloramiento a superficie en los Ojos del Guadiana (Villarrubia de los Ojos, junto a las Tablas de Daimiel), después de un recorrido subterráneo al desaparecer en las inmediaciones de Argamasilla de Alba.
Gaviotas reidoras tras la estela del barco
El pequeño puerto de Sanlúcar y al fondo la portuguesa Aleutím.

El río Guadalquivir reparte su desembocadura entre las provincias de Huelva y Cádiz tras dejar atrás tierras sevillanas y, junto a sus marismas forma el parque nacional Doñana. Los últimos 100 kilómetros del Guadiana, por su parte, sirven de linde fronterizo entre Portugal y España. Este tramo de curso bajo del Guadiana es navegable en los últimos 70 kilómetros hasta la desembocadura, entre Ayamonte, en Huelva, y la portuguesa Vila Real de Santo Antonio. Y allí me fui, a navegarla a bordo del barco que realiza la travesía entre el puerto de Ayamonte y Sanlúcar de Guadiana los fines de semana entre mayo y septiembre. Frecuencia que alarga hasta hacerlo casi a diario en pleno verano. Es un crucero fluvial de 3 horas de duración (en sentido subida) y se realiza (en función de la demanda) en la línea del calendario comentado (confirmar disponibilidad con su patrón Juan en el 652 525 168).  
Ayamonte, punto de partida

El río Guadiana forma un estuario y una zona de marismas asociada (el Paraje Natural de las Marismas de Isla Cristina en la parte española y la Reserva Natural do Sapal de Castro Marim e Vila Real de Santo Antonio en territorio luso) que si bien no tienen la concentración y biodiversidad de aves presentes en las vecinas Marismas del Odiel o del Guadalquivir, son sin duda una delicia para observar plácidamente, desde la cubierta de este barco. El recorrido permite ser testigo de cómo el paisaje fluvial cambia a medida que nos adentramos río arriba, cómo la gran anchura de la desembocadura donde las aguas del Guadiana son ya más saladas que dulces al tocar el Atlántico se va estrechando y su silueta entre suaves colinas se va estilizando a medida que las zonas de espartinas, almajos, juncos, castañuelas, etc. van siendo sustituidas por ecosistemas de carácter más forestal, como es el bosque mediterráneo con su matorral asociado que en algunos tramos está casi intacto.
Nada más comenzar, se pasa bajo el puente internacional en Ayamonte.

Limícolas y anátidas son una constante en los primeros kilómetros de recorrido. La presencia de cormoranes que nadan tranquilos antes de acometer el despegue aleteando y dando grandes “zancadas” sobre la superficie del agua al paso del barco, es también habitual compañero de viaje. También garzas y espátulas. A medida que remontamos el río, la salinidad se va retirando de su cauce y las orillas se van volviendo algo más dulces, aunque la influencia de las mareas se deja notar muchos kilómetros arriba. Los carrizos y las playas fluviales empiezan a hacerse presentes. Muy pocos pueblos y pocas construcciones hasta llegar a Sanlúcar. Sólo algún cortijo de envidiable ubicación. 
Los limícolas son abundantes en este tramo del curso bajo del Guadiana.

Charranes y gaviotas se divierten tras la estela del barco, se lo pasan bien mientras la embarcación con su avance les proporciona alimento. Pasan minutos suspendidos en el aire, volando casi encima de la nave, hasta que en la estela emerge la silueta de algún pequeño pez. Es el momento de dejarse caer en picado para atraparlo y remontar vuelo para volver a situarse a la cola de lo que parece ser un pelotón ciclista que avanza pedaleando contra el viento. La captura del pescado les sirve para darse relevo a la cabeza de la estela. Y así, disfrutando desde la cubierta del barco que si bien no tiene el recorrido destinado a fines ecoturísticos ni ornitológicos, si es la excusa perfecta para navegar un río como el Guadiana en un tramo bien conservado, y es el medio de transporte idóneo para descubrir un rincón onubense muy muy poco conocido, incluso por los propios onubenses. Vale la pena reservar media jornada para vivir la experiencia fluvial remontando los últimos kilómetros del cuarto río más importante de la península Ibérica. Hace años que ronda la idea de la creación de un parque natural internacional del Bajo/Baixo Guadiana. Méritos no le faltan. Sólo en la parte andaluza hay cinco LICs de la Red Natura 2000.  Aquí nadan especies piscícolas migratorias de gran importancia como el esturión o el endémico jarabugo.
Llegando a la hermosa localidad de Sanlúcar de Guadiana, en Andévalo.


No hay mejor final de travesía que Sanlúcar de Guadiana, un precioso pueblo encalado de la comarca del Andévalo, coronado por el castillo de San Marcos y en cuyo pequeño casco urbano sobresale la iglesia de Nuestra Señora de las Flores. En la otra orilla, Alcoutím realza la belleza de esta postal fluvial. Ambas poblaciones viven muy ligadas, sus habitantes cruzan a diario en embarcaciones e incluso a nado entres sus puertos y playas fluviales. Los más aventureros lo hacen por el aire, a través de la única tirolina internacional. Curioso. Yo lo hice navegando. Llegué a Sanlúcar con las últimas luces de la tarde, en esa mágica y fotográfica hora azul. Otro privilegio más.